Páginas

jueves, 1 de septiembre de 2016

Fin de semana en el Matarraña y el Maestrazgo, primer día: La Fresneda y Monroyo.


De camino hacia Monroyo, en Teruel en la preciosa comarca del Matarraña, y cerca de Valderrobres, nos detenemos en La Fresneda, un pequeño pueblo que merece un paseo por su plaza con pórticos y sus callejuelas. Reservamos con antelación una mesa en la Fonda la Grancha, por el tenedor.com, y con comentarios postivos en Trip.

El comedor de la Fonda es de decoración más bien rústica con detalles modernos. El espacio es íntimo y tranquilo con música de fondo estilo blues o jazz.
El servicio es muy amable y rápido. Nos remiten un menú en tabla de madera de 19,60€. Y también disponen de carta con una oferta algo más amplia. Como detalle negativo por primera impresión, la mesa no está impecable, aún quedan huellas de botellas anteriores, por descuido se supone.

Fonda la Grancha, La Fresneda

Menú 19,60€, Fonda la Grancha, La Fresneda

Elegimos los pimientos del piquillo rellenos de marisco con salsa de miso rojo, muy suave, están buenos.
Pimientos del piquillo rellenos de marisco con salsa de miso rojo,
Fonda la Grancha, La Fresneda
Y optamos por la originalidad del la propuesta de la ensalada de boquerones, cebolla roja confitada, espaguetis de mar espuma de tomate rosa y vinagreta de anchoa. Por desgracia, el aliño arruina completamente el plato a punto de ser devuelto.
Resulta que sin contar con el sabor fuerte del vinagre de alcohol seguramente empleado, ¡el plato rebosa de sal fina! Si acaso se quiere adornar con sal, que sea de escamas, ya que la sal fina es un condimento difícil de controlar cuando se trata de condimentar un plato frío, y por eso se suele dejar el salero en la mesa para que el cliente se sirva al gusto. Además con una vinagreta de anchoas ya de por sí saldas, no era buena elección añadir más sal.
Pero como nos incomoda este tipo de reacción, intentamos comernos la ensalada removiendo todo el conjunto, que por lógica no debería ser así. Una pena porque la intención era buena.

Ensalada de boquerones y algas con vinagreta de anchoas,
Fonda la Grancha, La Fresneda

De segundo, elegimos los canelones de crêpe rellenos de carrrillera de ternera con su jugo, la calidad de la carne es notable, pero una vez más, nos quedamos bastante decepcionados: el plato resulta muy plano de sabor y la salsa es aguada y carente de cualquier chispa o contraste que le pudiera aportar al plato.
Canelones de crep relleno de carrillera, Fonda la Grancha

El otro plato es el bacalao confitado con crema de marisco y alioli de mejillón. Esta vez, la mezcla de sabores es acertada pero falla la cocción del pescado, ¡está muy duro! Según ese tipo de cocción en aceite a fuego lento, el bacalao debería deshacerse en la boca y no parecer un chicle.
No pude acabarlo porque no resultaba agradable en boca ni sabroso. Al retirar los platos, no se nos preguntó si todo estaba bien, porque en ese caso hubiéramos aportado nuestras impresiones con la mayor educación pero con toda sinceridad, ya sea para que sepan rectificar y mejorar. En este caso, sin más interés por parte de la camarera, decidimos no emprenderla con reproches, aunque otros hubieran devuelto la mitad de los platos y con mucha razón.
Bacalao confitado con alioli de mejillones,
crema de marisco y germinados, Fonda la Grancha

De postre, elegimos el brownie con pimiento roja y sal en escamas muy finas, otro más de lo mismo: el uso de la sal debe hacerse con extremo cuidado en decoración, y más para un postre supuestamente dulce que apareció en boca muy salado y enmascarando así el sabor del chocolate.
Brownie con pimiento roja y sal en escamas, Fonda la Grancha

Y el pudding de horchata con helado de leche merengada y sirope de granada tampoco fue un éxito ya que son dos sabores similares y no se distinguía ninguno realmente, con lo que me gusta la horchata, una pena.
Pudding de horchata con helado de leche merengada,
Fonda la Grancha

Por consiguiente, discrepo con los comentarios que leí sobre la Fonda la Grancha en cuanto a la calidad de su cocina, ya que según mi experiencia personal, la elaboración dista mucho de estar a la altura de las pretensiones culinarias de su restaurante.

Desde luego, la presentación de los platos es buena, son productos de calidad y propuestas originales, pero los fallos de cocción, combinación de sabores demasiado idénticos, o exceso de condimentos no acertados, arruinan unos platos que podrían estar muy ricos y muy dignos de este precio.
Nos fuimos muy decepcionados, y no volvería a este restaurante ya que no fue un solo error, sino varios, y en esta comarca se come de lujo en muchos sitios como para repetir en uno que no haya sido de nuestro gusto en muchos aspectos.

Dejando la decepción de la comida formando parte del pasado, damos un paseo por este bonito pueblo de La Fresneda.
La Fresneda

La Fresneda

Vista de Valjunquera desde La Fresneda

Ruinas castillo y ermita de La Fresneda

La Fresneda

La Fresneda

La Fresneda

La Fresneda

La Fresneda

La Fresneda

La Fresneda

Y siguiendo ruta hacia Monroyo por la N232, en el margen izquierdo de la carretera, se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Monserrate que aparece como una bella estampa en este paisaje de colores ocres. Así que tomamos el próximo cambio de sentido para disfrutar del monumento de más cerca. Es una pena que no esté en condiciones de ser visitado por estar en un estado bastante ruinoso en su interior, pero podemos admirar su arquitectura exterior y la belleza imponente de los cipreses centenarios de su pequeña avenida campestre en un lateral.
Santuario de Nuestra Señora de Monserrate, N232 

Santuario de Nuestra Señora de Monserrate, N232 

Santuario de Nuestra Señora de Monserrate, N232 

Retomamos nuestro camino a Monroyo dónde nos alojamos, en la Posada Guadalupe, ubicada en la entrada del pueblo.
Monroyo se encuentra justo en la N232 a 15 minutos de Morella, y dispone de gasolinera y alguna tienda y bares, y el restaurante de la Posada. Hay un pequeño parking justo delante y no tuvimos ningún problema para encontrar sitio en cada momento.

La posada es un negocio familiar desde hace varias generaciones y se nota el mimo y la pasión que invierten en ella. El hotel está todo reformado y muy moderno (tiene ascensor), aunque ha sabido conservar rincones rústicos con su esencia histórica que le otorgan este toque distintivo.
Entrada Posada Guadalupe, Monroyo

Entrada Posada Guadalupe, Monroyo

Entrada Posada Guadalupe, Monroyo

Recepción Posada Guadalupe, Monroyo

Elegimos la habitación superior muy espaciosa, con una ducha grandiosa y un aseo completo amplio, y pequeña terraza que da a un huerto interior. Dispone también de armario con muchas perchas, de sobrecitos de geles, y de una tv plana grande por si apetece. La decoración es moderna, aunque las lámparas de techo no van muy acordes, pero para gustos... La cama resulta bastante cómoda (viajo siempre con mis almohadas), y además consta de una neverita muy silenciosa. La limpieza es muy correcta pero los cabezales de los sillones de tela blanca necesitan un lavado y los marcos exteriores de las ventanas un buen repaso.
Habitación superior 14, Posada Guadalupe,
Monroyo
Vistas habitación superior 14, Posada Guadalupe,Monroyo
Ducha habitación superior 14, Posada Guadalupe,Monroyo
Aseo habitación superior 14, Posada Guadalupe,
Monroyo

Por lo que se refiere a los puntos negativos sin desmerecer el lugar, lo primero de todo que nos llama la atención nada más entrar es el calor que hace en la habitación. Es un fin de semana muy caluroso, por lo visto muy excepcional en esta zona, y por sorpresa nuestra, habituados a alojarnos en establecimientos con aire acondicionado, aquí no hay. Suponemos que por la noche refresca y por eso no se hace necesario su uso, tal y como nos lo confirma la hija del propietario que nos asegura que nadie se ha quejado hasta ahora, pues siempre hay un primero y con razón a 28ºc en la habitación.

Otro punto negativo es que tratándose de una habitación superior, se encuentra justo en frente de la puerta de salida común del pasillo, con un detector de luz, por lo que cada vez que entra o sale alguien, se oyen bastantes ruidos.
La llave de la habitación se tiene que poner en una hendidura en la pared para hacer contacto para tener luz, y el cuadro eléctrico emite un zumbido incesante bastante molesto por la noche en contraste con la calma reinante del lugar.

Y para acabar, unos detalles, pero a mi juicio bastante importantes en cuanto a comodidad: no hay ningún estante en la ducha dónde poder dejar los champús, por lo tanto hay que dejarlo todo en el suelo. Y siendo una ducha tan enorme, la presión del agua que cae en lluvia fina no resulta suficiente, el grifo está instalado con las temperaturas al revés, y siendo ducha de lujo, una columna hidromasaje hubiera sido lo ideal, y las toallas sin pasar por secadora no son nada suaves. También un pequeño espejo (Ikea 5€) para poder maquillarse se echa en falta en un tocador tan grande, por desgracia estropeado con marcas de plancha de pelo de alguna cliente poco cuidadosa (cosa que se puede arreglar con  truquillo: toalla mojada encima y pasar la plancha de ropa, la madera, si no es demasiado plástica recobrará su humedad y desaparecen las marcas blancas).
Para terminar, las luces de las mesitas no resultan muy cómodas al ser táctiles y se caen del enchufe. Por lo que mejorando algunos de estos detalles, se podría mejorar la comodidad de la habitación sin gastarse mucho dinero por parte de los dueños.
Pero en general es un bonito hotel, sólo que no volvería en época estival por miedo a no poder dormir otra vez sin aire acondicionado, pero el propietario muy preocupado por el asunto, lo quiere remediar cuanto antes con algún aparato portátil que solvente estas noches cálidas puntuales. Tuvo el bonito detalle de regalarnos un queso por las molestias de no poder dormir, lamentando el no haber sabido por su hija el problema y poder reubicarnos en una habitación más fresca. En todo caso, El dueño es muy atento y se esmera mucho por contentar al cliente para que se sienta como en su casa.

Dejamos la maleta y bajamos a descubrir Monroyo, es un pueblo encantador con gente muy amable y unas vistas sobre un paisaje muy bonito, con Peñarroya de Tastavins y las Rocas del Mas Mut como telón de fondo.
Monroyo

Monroyo

Monroyo

Monroyo

Monroyo

Monroyo

Monroyo

Nuestro recorrido por las calles de Monroyo acabado, nos preparamos para cenar en el restaurante de la Posada Guadalupe, dónde hemos reservado mesa por eltenedor, aunque nos indicaron que prefieren que se reserve por tfno directamente para no pagar la comisión. Igual deberían retirarse de la web de eltenedor si no necesitan ser publicitados. Pero a la vez, los que reservamos por ese modo es por buscar facilidad de contacto sin tener que llamar a cada establecimiento, y más cuando éste no dispone de correo electrónico o no les funciona.

Su restaurante es muy grande, con decoración moderna-rústica, y colores chispeantes. El servicio es muy amable y rápido, con el propietario hijo, jefe de sala, y un camarero muy profesional atendiendo. La atención es muy cercana y de confianza, se hace muy apreciable y ameno.

Se puede elegir menú incluso de noche, pero preferimos la carta que dispone de una oferta amplia y unos platos muy atractivos por no ser comunes.
Nos decidimos por los platos de la casa: carpaccio de cerdo con foie, sabrosisímo!
Solomillo de cerdo con foie,
Restaurante Posada Guadalupe, Monroyo

La ensalada de perdiz, ¡riquísima!
Ensalada de perdiz en escabeche con mango,
Restaurante Posada Guadalupe, Monroyo

El atún rojo en escabeche de cítricos con manzana verde y calabacín, ¡divino!
Atún rojo en escabeche de cítricos,
Restaurante Posada Guadalupe, Monroyo

Y para acabar, el huevo poché con trufa, puré de cebolla, nido de patata y jamón D.O. de Teruel, ¡una delicia!
Huevo poché con trufa,
Restaurante Posada Guadalupe, Monroyo

De postre, tarta de queso casera con coulis de chocolate, y natilla con compota de manzana, frescas y buenísimas.
Natilla casera con compota de manzana,
Restaurante Posada Guadalupe,
Monroyo

Tarta de queso casera con coulis de chocolate,
Restaurante Posada Guadalupe, 
Monroyo

Ni qué decir que fue toda una experiencia gastronómica, transmitimos nuestras felicitaciones a las cocineras a través del dueño hijo. Y todo por un precio de 60€ dos personas, creo que muy correcto por unos platos con mucha dedicación y pasión, y productos frescos de proximidad, ¡se merecen un 10!

También tuvimos mucha suerte de ser pocos comensales esa noche de sábado, porque el propio dueño nos confesó que cuando el comedor se llena, es más difícil atender con tanta rapidez y eficacia a cada mesa. En nuestro caso, estamos muy satisfechos y una pena no poder repetir a la noche siguiente ya que es su día de descanso, bien merecido sin duda.

Con una cena estupenda, nos retiramos a nuestros aposentos. Por desgracia, a pesar de la avanzada noche, seguimos con el mismo calor dentro, y no se puede dejar la ventana abierta por culpa de una chimenea vecina que emana humo de brasa. Así que pasamos muy mala noche sin aire ni ventilador, esperando que para la próxima, las temperaturas bajasen.

Entrada siguiente: segundo día en el Matarraña y Maestrazgo: Peñarroya de Tastavins y Morella.









No hay comentarios: