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domingo, 20 de agosto de 2017

Puente de agosto de relax en el Maestrazgo

Aprovechando el gran puente de agosto de 4 días de este año, nos tomamos unas mini vacaciones para poder disfrutar de la comarca del Maestrazgo en Teruel, y de paso, relajarnos todo lo posible. Y para conseguirlo, hemos reservado una suite en el Cantón Rural de La Cuba, un pueblecillo, a unos 20 minutos de la famosa Morella, en Castellón. 
Por lo que primero, nos detenemos en dicha localidad que nos viene de paso, para poder empezar el fin de semana con una buena comida. El restaurante elegido es el Vinatea (C/ BLasco de Alagón, nº17, Morella. T. 964160744), ubicado justo en la calle principal, debajo de los arcos. 
Reservamos por mail con bastante antelación, aunque la confirmación se recibe por teléfono el mismo día, lo que te deja poco margen para poder reservar en otro local. Como no queríamos que nos llamaran en medio de la carretera, decidimos adelantarnos y llamar antes, nos confirmaron la reserva. Pero por lo visto, la comunicación interna no era demasiado buena ya que más tarde, nos llamaron ellos para otra vez confirmarla. 

Por fin llegamos a Morella, sorprendidos por la poca afluencia de turismo este fin de semana festivo para buena parte del mundo. Por lo visto, la mayoría se concentrara en la costa. Pues mucho mejor para nosotros, decididos a pasar estos días sin agobios.

Morella


Morella

Morella

Morella

El restaurante Vinatea se podría describir como de categoría, con una decoración moderna y cómoda. El recibimiento es amable y atento en todo momento. 
Restaurante Vinatea, Morella

Y para empezar con buen pie, pedimos un vermut casero. La carta tiene bastante variedad, y también disponen de menú. Nosotros elegimos carta por querer probar otros platos, como el carpaccio de buey con helado de mozzarella y vinagreta con avellanas, de los mejores que hayamos probado, que resultó un plato muy fresco y lleno de sabor. 


Quisimos probar también las croquetas morellanas, pensando que la casa aportaría su toque especial, pero a pesar de los suaves que estaban, he de decir que me esperaba un relleno algo más elaborado, y alguna guarnición, ya sólo para dar algo de color al plato.

Croquetas morellanas, Vinatea, Morella
De segundo, nos decantamos por el entrecôte con sus patatitas, y la hamburguesa de vaca vieja con queso de cabra, las dos carnes jugosas. 
Entrecôte, Vinatea, Morella
Hamburguesa de vaca vieja, Vinatea, Morella

A pesar de que el personal parecía bastante ajetreado por la faena, sin estar el local completo, la espera entre cada plato fue muy corta, pero hay que reconocer que al estar en la mesa más cercana a la barra y a la cocina, el ir y venir de los camareros y las indicaciones o comandas que se pasan en voz alta, no hicieron de este momento el más relajante.

Como detalle, en la antesala para acceder a los lavabos, bajando la escalera, se encuentra una bonita bodega, y como curiosidad hay un pozo por el que uno se puede asomar a través del metácrilato que lo protege, y observar el fondo.

Bodega del Vinatea, Morella

Pozo del Vinatea, Morella

En cuanto a los postres, son todos caseros, el sorbete de mango con licor muy bueno y digestivo, y el cóctel valenciano muy rico también.

Carta de postres, Vinatea, Morella


Sorbete de mango con licor, Vinatea, Morella
Cóctel valenciano, Vinatea, Morella


El precio es algo caro, unos 75€/ pareja (sin vino), el pan se cobra a 1,50€ por persona y lo ponen sin preguntar, así que mejor avisar si no se desea, y el café con hielo a 2€, es excesivo. 
Pero en general, es un restaurante que ofrece productos de calidad y se nota su preocupación por sus clientes. Creo que es un lugar para repetir, y quizás probar uno de sus cócteles en la parte dedicada a ello, que parece muy agradable también.

Dejamos Morella para dirigirnos a nuestro hotel, El Cantón Rural, en La Cuba, en Teruel. El último tramo de carretera no está en el mejor estado, pero es practicable sin problemas a una velocidad adecuada. Justo antes de entrar en el pueblo, hay que girar a la izquierda pasando un pequeño puente y siguiendo la carretera que rodea el pueblo, en seguida llegamos al hotel, solitario, si no es por el acompañamiento, a veces, de algunas reses del entorno.
Entramos por la gran verja del jardín y dejamos el coche en la parte trasera, dónde hay un parking enorme y una pequeña parte cubierta para dar sombra. El paraje es muy tranquilo, rodeado de colinas, invita a la relajación total.

El hotel El Cantón Rural es un establecimiento familiar, y la acogida va en consonancia, demostrando confianza y buen humor, y ofreciendo información turística desde el primer momento. 
El hotel, lo construyeron hace 11 años, guardando la estructura y decoración fiel de la zona, rústica y con materiales nobles. Se accede al alojamiento por el jardín delantero, dónde constan varias puertas de entrada con unas dos o tres habitaciones por escalera, la nuestra siendo una de las dos suites (99€/noche), y compartiendo rellano con otra habitación bastante alejada.
El Cantón Rural, La Cuba, Teruel
El Cantón Rural, La Cuba

Irene nos acompaña hasta nuestros aposentos, y nuestra habitación se revela muy amplia ya que consta de dos baños completos con ducha, una cama extra grande con una salita, y una gran estancia dónde se ubica la bañera hidromasaje y el armario. 
Suite de El Cantón Rural, la Cuba

Suite de El Cantón Rural, la Cuba

Suite de El Cantón Rural, la Cuba

Suite de El Cantón Rural, la Cuba

Suite de El Cantón Rural, la Cuba
Vistas desde  la Suite de El Cantón Rural, la Cuba

A pesar de ser abuhardillada, la temperatura es bastante agradable ya que por la noche refresca, aunque si se usa el jacuzzi antes, la humedad residual puede aumentar la sensación de calor, y nohay aire acondicionado. En todo caso, hay mosquiteras en las ventanas, así que se pueden abrir sin problemas, aunque pronto por la mañana, los rayos del sol pueden molestar. os recomiendo poner las compuertas.
No le falta ningún detalle a la habitación, con una limpieza impecable: toallas extras, zapatillas, botellitas de agua y amenities repuestas cada dia, caramelitos que dan el toque a la bienvenida, y también set de costura, tiritas. En fin, un esmero evidente para contentar al máximo al cliente. Y disponemos de muchos espejos para poder retocarnos.
También hay tv plana que se puede ver tanto desde el jacuzzi como desde la cama, la verdad que no la encendimos porque preferimos disfrutar de la tranquilidad del lugar y desconectar totalmente.
En cuanto a la cama, soy bastante delicada en este tema, y por eso viajo, en la medida de lo posible, con mis almohadas. Pero las del hotel son de viscolástic, así que seguro que son muy cómodas. Lástima que el colchón no lo sea tanto. Dormí bastante mal por culpa de los muelles que se me clavaban en el cuerpo. Otro detalle que eché en falta fue una luz de cabecera individual, ya que la que hay es general, y si uno quiere dormirse antes, no le es posible. Y también, a resaltar que por desgracia como en la mayoría de los hoteles, la insonorización entre habitaciones no es la adecuada, se oyen voces, y la ducha del vecino. Sin mencionar los que siempre vuelven más tarde, y pensando que están sólos, no saben cerrar las puertas discretamente. 

Ya acomodados, nos damos un paseo por el pueblo, al cuál se accede vía la misma carretera de llegada, no tiene acera por lo que hay que tener un poco de cuidado, pero no es una zona muy transitada, así que sin problemas. 
Como eran las fiestas del pueblo y llegamos justo a la hora de los lanzamientos de polvo de tiza de colores, nos desviamos para subir a ver la iglesia (cerrada) y sentarnos un ratito a descansar. Luego quisimos investigar un poco las pocas calles del pueblo, pero la verdad que poco ofrece, así que regresamos al hotel para disfrutar de nuestro primer baño relajante.
La Cuba, Teruel
La bañera de hidromasaje es una maravilla, con luz de colores que se puede cambiar al gusto, y los chorros masajeándonos, ¡un momento de relax romántico perfecto! Lo disfrutamos al máximo.
Suite de El Cantón Rural, la Cuba

Y ya viene la hora de la cena. Unos días antes de nuestra llegada, avisamos al hotel de que queríamos cenar cada noche en su restaurante, ya que por la zona cercana hay poca oferta, y preferíamos quedarnos en el mismo alojamiento para poder descansar lo máximo. 

El restaurante se encuentra en la primera planta desde la recepción, y consta de varias mesas, algunas grandes para acoger a grupos o familias. Es muy tranquilo, por lo que las veladas son agradables. 

Restaurante de El Cantón Rural, la Cuba

Nos atiende Irene, dicharachera, su padre, auténtico, o su hermana Eva, un encanto, con su sonrisa y dulzura. 
Ofrecen carta bastante variada, y dos menús a precios razonables. La cocina es casera y de calidad, con muy buena elaboración y presentación, y con descuentos para huéspedes en menús (unos 15-16€ el menú) y posibilidad de variar algunos platos al estar alojados varios días
Hay variedad de carnes, ya que la zona es famosa por ello, y el género se nota fresco y de calidad. Lo que echamos en falta fue alguna ensalada más ya que sólo disponen de una con jamón, eso sí muy buena, y tampoco tienen mucho pescado, más que emperador y sepia. El dueño nos explicó que por la distancia a la costa, se les hace más complicado tener pescado fresco y prefieren dar preferencia a las carnes de la tierra. 
La primera noche, elegimos el menú 1, el de menos platos, porque de entrante, ¡ya te sirven 3 platos!


Entremes, El Cantón Rural, la Cuba

Croquetas morellanas, El Cantón Rural, la Cuba
Sepia, El Cantón Rural, la Cuba

Solomillo ibérico, El Cantón Rural, la Cuba

Helado de limón, El Cantón Rural, la Cuba

Piña rellena de crema catalana,
El Cantón Rural, la Cuba

La espera entre platos es mínima desde que toman comanda. Lo único que falló fue la temperatura de las bebidas, la cerveza estaba caliente, a pesar de estar 4 días en la nevera, como nos dijo, el vaso ni se inmutó ya que no hubo contraste de temperatura con la ambiente. Tuvimos que poner en cubito para enfriar el vaso. Y el vino blanco de Borja, nos encanta, y en su cubitera, lo dejamos un tiempo para que se enfriara bien. Vimos a otros comensales poner cubitos en el vino tinto, así que parece que tampoco estaba a la temperatura idónea. 


Os recomiendo no pedir vermut ya que los que tienen no son caseros, como dijo el dueño "de los baratos", y podemos añadir que muy malos, tuvimos que cortarlo con tónica y aún así, no pudimos terminarlo. Eso sí, el dueño, que puede parecer algo seco a veces por la forma de ser de la zona, y muy hablador también, confiesa que por pasar demasiado tiempo sólo con sus vacas, se le nota generoso, nos quería dejar las botellas para servirnos a nuestro antojo, y siempre acabábamos la cena con un chupito de oruja regalado. 

La verdad que tanto la comida como las cenas que tomamos en el lugar fueron muy buenas. Todo nos gustó, ¡hasta los postres! Y algún kilito engordamos sin duda.

También si os apetece, podéis comer en la terraza exterior o tomaros el café, bajo el porche. Admiten animales de compañía fuera, eso sí, que sean tranquilos.

Segundo día en el Maestrazgo > en la entrada siguiente...


viernes, 2 de septiembre de 2016

Segundo día en el Matarraña y Maestrazgo: Peñarroya de Tastavins y Morella

Después de la mala noche pasada por culpa del calor inusual por esta zona, bajamos a desayunar a las 10h en la Posada Guadalupe de Monroyo, el horario es desde las 9h hasta las 10h30, y se puede reservar antes, de necesitarlo.
Nos encontramos con la mesa buffet casi vacía! como no aparece nadie, decidimos ir a pedir en cocina que repongan, y sin tardar, viene el dueño a cortar embutido y reponer de todo un poco.
El desayuno es bastante completo, no dejéis de probar el yogur artesanal de leche de vaca, y por supuesto el embutido de la zona. Echamos de menos unas tostadas ya que se trata de pan de pueblo y otro estilo biscotes, muy buenos pero no reemplazan unas buenas tostadas calientes, que incluso se podría preparar el huésped mismo con una tostadora en la mesa para tal efecto. Tampoco hay zumo natural, pero el que ponen está bueno. No falta fruta, aunque no cortada, y hay algo de bollería, pero no cereales. El café lo traen recién hecho y se puede repetir. En todo caso, nos quedamos muy satisfechos de nuestro desayuno y más conversando con el dueño sobre productos de la zona, como la trufa.

El estómago lleno, nos dirigimos a unos pocos kilómetros de aquí a Peñarroya de Tastavins. Justo antes del pueblo a unos 2 km de éste, se encuentra el Santuario de la Virgen de la Fuente. Está en un enclave muy bonito y lleno de paz, lástima de tanta sequía porque seguro que en época de lluvias o al principio de la primavera, el caudal del río debe de ser impresionante y la estampa con el puente digna de admirar. En su claustro, se encuentra la Hospedería y su restaurante, y la oficina de turismo con un museo sobre el cerdo y la comarca.
Santuario de la Virgen de la Fuente, Peñarroya de Tastavins

Santuario de la Virgen de la Fuente,
Peñarroya de Tastavins

Santuario de la Virgen de la Fuente,
Peñarroya de Tastavins

Santuario de la Virgen de la Fuente,
Peñarroya de Tastavins

Puente cercano al Santuario de la Virgen de la Fuente,
Peñarroya de Tastavins

Santuario de la Virgen de la Fuente, Peñarroya de Tastavins

Santuario de la Virgen de la Fuente, Peñarroya de Tastavins

Santuario de la Virgen de la Fuente, Peñarroya de Tastavins

Claustro del Santuario de la Virgen de la Fuente, La Hospedería,
Peñarroya de Tastavins

Claustro del Santuario de la Virgen de la Fuente,
Peñarroya de Tastavins

Santuario de la Virgen de la Fuente, La Hospedería,
Peñarroya de Tastavins

Museo del cerdo, Santuario de la Virgen de la Fuente,
Peñarroya de Tastavins
Con un calor increible, dejamos el Santuario para visitar el pueblo de Peñarroya de Tastavins, con sus calles en pendiente, sus vistas de la comarca y las Rocas de Lo Mas Mut, y su museo etnológico muy interesante por 2,50€.
Peñarroya de Tastavins

Peñarroya de Tastavins

Peñarroya de Tastavins

Peñarroya de Tastavins

Peñarroya de Tastavins

Peñarroya de Tastavins

Peñarroya de Tastavins

Peñarroya de Tastavins

Peñarroya de Tastavins

Peñarroya de Tastavins

Rocas de Lo Mas Mut
Peñarroya de Tastavins
Una mañana bien aprovechada, y es hora de partir hacia Morella dónde tenemos reservada una mesa en La Fonda (C/ García, 21). Hoy es día de mucha afluencia en este precioso pueblo considerado de los más bonitos de España, también sin duda por sus fiestas, aunque no pudimos disfrutarlas por llegar más tarde, nos cruzamos con algunos vestidos de trajes muy espectaculares.
Morella

Nos damos prisa para no llegar al restaurante con demasiado retraso, y cual es nuestra sorpresa que cuando llegamos, está aún muy vacío y nos dicen que ningún problema por la hora. La Fonda, como todas las casas de Morella dispone de varias estancias a diferentes niveles con escaleras, o sea no apto para personas de movilidad reducida.
El establecimiento guarda su encanto rústico con techos, suelos y escaleras de madera, pero con decoración moderna y colores agradables.

El servicio es atento y muy simpático y los platos no se hacen esperar ya que el resto de comensales llega una hora más tarde, o sea que bastante tranquilidad para todos.
Hay dos menús, uno de degustación con varios entrantes incluidos y segundo y postre a elegir, y otro normal. La carta no es demasiado amplia y propone platos típicos de la zona o del pueblo como la croquetas morellanas que no podemos dejar de probar. Elegimos también la ensalada de sepia pensando que se trata de algo fresco, y como no se nos informa, resulta ser caliente con patatas caseras fritas sobre lecho de tomate. Las raciones son muy generosas y nos aconsejan no tomar más de 3 platos, y no podemos acabar el plato de sepia que resulta ser pesado con ese calor.
La Fonda, Morella

Croquetas morellanas, La Fonda, Morella

Ensalada de sepia, la Fonda, Morella

El segundo elegido es un solomillo al hojaldre con mousse de foie que nos pareció muy bueno. Y como hemos dejado sitio para el postre, guiados por el personal, probamos la tarta de chocolate de la casa y la crema de cuajada con mermelada de arándanos, todo muy rico.
Comimos muy bien por unos 42€ dos personas. Así que recomiendo La Fonda en Morella por la calidad de sus platos, y su buen servicio con sonrisa.
Solomillo en hojaldre, La Fonda, Morella

Tarta de chocolate, La Fonda, Morella

Crema de cuajada con mermelada de arándanos,
La Fonda, Morella
Y tras una buena comida, nos disponemos a visitar el Castillo de Morella y el Convento por 3,50€ la entrada, lo único que no pudimos ver en nuestra primera visita en Navidad unos años antes. Y os lo recomiendo porque las ruinas y las vistas desde ahí arriba son inigualables...
Claustro del Convento de Morella

Castillo de Morella

Castillo de Morella

Vista del convento desde el Castillo de Morella

Maqueta de Morella

Vista de la plaza de toros de Morella

Vista del antiguo convento de Morella

Convento de Morella

Castillo de Morella
Y como aún nos quedaba tiempo, al bajar del castillo, decidimos volver a visitar la Basílica de Santa María y su museo por el recuerdo de que te deja sin palabras! Su escalinata, su altar, su órgano, es única, y por 2,50€ la entrada, saber que podemos contribuir a mantenerla es un honor. El museo con sus tesoros tampoco deja indiferente.
Basílica de Sta María, Morella

Basílica de Sta María, Morella

Basílica de Sta María, Morella

Basílica de Sta María, Morella

Basílica de Sta María, Morella

Basílica de Sta María, Morella
Esta bonita tarde en Morella toca a su fin, y regresamos a la Posada Guadalupe para prepararnos para nuestra cena en el Hotel restaurante Consolación, el único abierto domingo noche en las inmediaciones.
Con las obras de la N232, y la falta de alumbrado, no es evidente encontrar la entrada al camino forestal que lleva al restaurante, así que os recomiendo ir despacio ya que el cambio de sentido en esa dirección se hace por camino de tierra en obras y cruzando la nacional en cuestión.
Hay que seguir todo recto, y llegaréis a un aparcamiento de gravilla sin la menor luz, cosa que no estaría de más instalar aunque sólo fuera para alumbrar la bonita ermita del lugar, que bajo esta penumbra, aparece con un aspecto algo tétrico con la puerta abierta y velas en su interior.
La entrada del restaurante sí tiene luz. Pero repito que alguna aunque fuera solar para alumbrar el parking sumiso en una completa oscuridad sería una buena idea ya sólo por seguridad.
 
Hotel Restaurante Consolación, Monroyo

Hotel Restaurante Consolación, Monroyo

Habíamos reservado diez días antes por mail y nos enviaron confirmación. Se entra al comedor pasando por la cocina, aunque parece sincero por transparente, no es de lo más higiénico, algún cristal de separación sería lo adecuado e incluso más cómodo para el personal en cocina, para que su tarea no se viera interrumpida.
Al llegar puntuales, nuestra mesa no estaba lista por olvido, siendo los únicos comensales que no se alojaban en el hotel, falta de organización sin duda que se percibió al estar casi todo el comedor completo y verse el servicio algo desbordado por las comandas a la vez. En todo caso, la atención fue amable, aunque quizás demasiado casera por el lugar considerado de lujo (junto a una ermita en plena naturaleza), se esperaría más profesionalidad o vestimenta acorde.

La decoración de la sala de diseño minimalista pero carente de ningún detalle de lujo a mi juicio (lámparas de plástico, mantelería sencilla), con unas mesas y asientos poco cómodos, teniendo que molestar a otros comensales que cenan en la misma mesa larga para que la aparten para poder sentarse en el banco de metal. Las sillas no tienen mas que un respaldo de quita y pon, lo que tampoco es de lo más cómodo, y el banco de metal, aunque lleve cojines, deja los lumbares completamente desprotegidos.
Comedor Hotel Restaurante Consolación, Monroyo
En cuanto al ambiente, es íntimo y muy tranquilo aunque sin música de fondo. Al cabo de un buen rato esperando, nos entregan la carta que dispone de menú degustación por 39€ o diferentes platos a elegir. 
Carta, Hotel Restaurante Consolación, Monroyo

Menú degustación, Hotel Restaurante Consolación, Monroyo

Carta, Hotel Restaurante Consolación, Monroyo
Nos decidimos por la carta, y elegimos: foie gras con yogur, pan de especie y chutney de fruta; y coca de sardinas ahumada con calabaza, platos originales y muy buenos.

Foie gras con yogur, pan de especie y chutney de fruta,
Hotel Consolación, Monroyo
Coca de sardina ahumada con calabaza,
Hotel Consolación, Monroyo

De segundo, probamos el arroz de marisco con calamar y gamba de la costa, con un fondo perfecto, y el bacalao al salmorejo con jamón D.O. Teruel, impresionante.
Arroz de marisco, Hotel Consolación, Monroyo
Bacalao al salmorejo con jamón D.O. Teruel,Hotel Consolación, Monroyo 
La calidad, elaboración y combinación de sabores es muy buena, aunque el postre de lingote de fruta de la pasión resultó demasiado ácido con el acompañamiento de frutos rojos. El segundo postre de manzana anisada con naranja, chocolate blanco y sorbete de limón fue todo un acierto.
Lingote de fruta de la pasión, Hotel Restaurante Consolación, Monroyo

Manzana anisada con chocolate blanco y sorbete de limón,Hotel Restaurante Consolación, Monroyo
Aún así, ciertos precios resultan excesivos: 24€ media ración habitual de bacalao, 7€ el postre, 3,60€ la botella de agua o el quinto de cerveza. El restaurante no reviste ningún lujo y el servicio tampoco destaca (dejar el ticket de la cuenta en la mesa sin plato debajo no resulta elegante en ningún sitio). Y aunque el alto nivel de cocina es evidente, el precio resulta abusivo 90,20€ sin vino ni cafés. 
Los restaurantes de la zona ofrecen carta con platos igual de excepcionales por una cena de 60€ -75€. Eso sí, el hotel compuesto de varios cubículos con tranquilidad absoluta en un entorno privilegiado debe de resultar una experiencia excepcional, aunque evidentemente, el precio se resiente también.

Por lo tanto, cenar en el recinto de una ermita con paredes de piedra con historia y platos de alta cocina puede ser una experiencia grata, pero siempre teniendo en cuenta un precio bastante más alto que la media ofrecida por la comarca.

En todo caso, acabamos ese fin de semana en el Matarraña, con muy buen sabor de boca. Os recomiendo descubrir cada pueblo de la región porque cada rincón rebosa de encanto.