Hoy recuerdo con nostalgia el buen domingo que acabo de pasar por el interior de Tarragona!
Para celebrar lo que sería sin duda el último domingo de otoño tan bueno, nos fuimos de excursión a
Prades, la llamada "Villa roja" por sus construcciones de piedra roja que le dan un color especial a todo el centro histórico.
Nos adentramos por el parque natural de la provincia de Tarragona, y disfrutamos del paisaje mientras recorremos la ruta sinuosa hasta Prades. Nos sorprende la cantidad de coches aparcados por los laterales, y es que sin saberlo, hemos venido el día de la fiesta de la seta! y es fiesta mayor en Prades. Así que lo que iba a ser un día de excursión tranquilo se convierte en una odisea para encontrar un restaurante con una mesa libre.
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Puerta de Prades |
Llegados a Prades, decidimos entonces comer primero y luego disfrutar del paseo. Damos una vuelta de reconocimiento de menús y cartas propuestos por los diferentes locales, y nos decidimos por el primero que vimos a la entrada del pueblo, "
El Racó d'en Manelic". El menú anunciado en la entrada por 18€ parecía variado aunque con muchos platos con suplementos, así que sabíamos que el precio se iba a disparar un poco, aunque viendo comparando con los demás restaurantes del sitio, ninguno se hacía competencia en cuanto a precios. Por un lugar tan remoto, nos pareció bastante caro, pero sin llegar a sorprendernos demasiado, esto es Cataluña!
De primeras, el camino de entrada de dicho restaurant parecía muy descuidado con plantas y malas hierbas invadiendo el camino. Cuando abrimos la puerta del local, un olor a humedad nos invadió, parecía que las setas se criaban ahí en vez del bosque!
Una señorita nos atiende detrás de un mostrador, y vemos que el restaurante está aún vacío. Le preguntamos si podemos tener mesa para dos, y nos pregunta "para comer ahora?". Vaya preguntita! Le digo "bueno es hora de comer, no?". Y me contesta que sí pero que aún están montando las mesas! O sea que son las 13h40 y aún no han terminado de montar el comedor! Por ,o visto la fiesta se alargó para todos.
Llama a la compañera que está haciendo montando las mesas a su ritmo, y ésta con una cara de pocos amigos nos dice que está todo bastante completo, pero como pretendiendo que nos está haciendo un favor, nos dice que volvamos dentro de un cuarto de hora, pero rapidito.
¡¿Hé?! Le digo que cómo rápido?! Que si no es posible, que nos lo diga y nos vamos a otro sitio! Y nos dice que no, que si venimos a las dos en punto, vale. Dejamos el nombre pero con la intención de no volver y que se apañaran ellos con su mesa!
Nos hicieron sentir como unos intrusos muy poco oportunos que se colaban en la fiesta del pueblo! Me parece indignante ese trato tan poco profesional e intolerable por parte de un establecimiento de restauración el que igual no se han dado cuenta aún, pero los que les hacemos un favor dejando nuestro dinero en su local, somos los clientes! y si nos tratan mal, pueden estar seguros que haremos correr la voz! Pero que cuenten con los habitantes de su pueblo para sobrevivir!
En fin, que después de esta desagradable experiencia, nos dirigimos a probar suerte en otro sitio: el "
Nen de Prades", el local igual de vacío, preguntamos y nos atienden con mucha amabilidad y una sonrisa lamentando no poder darnos una mesa porque está todo reservado. Bueno, lo entendemos, no era tan difícil mostrarse amable. Nos invitan a coger una tarjeta para reservar si algún día volvemos por ahí.
No miré si era fiesta del pueblo o no ese día, así que mea culpa por mi parte, pero creo que lo bonito del turismo es también ir un poco de aventura a ver qué te vas a encontrar y tener la posibilidad de elegir en el mismo sitio el restaurante más acorde con tus gustos y posibilidades.
Pues nada, están las terrazas llenas de gente tomando aperitivo, y por fin intentamos en otro local ubicado en la Plaza Mayor debajo de los arcos, "
Restaurant l'Estanc". Nos esperamos un precio elevado como los que han desfilado ante nuestros ojos por las calles del pueblo. Pero queremos probar la gastronomía ya que forma parte del placer de la excursión. Aunque por lo visto, otra vez habrá que preveer bocadillos!
Otra vez nos sentimos un poco violentos por no tener mesa reservada y las miradas de reproche, pero nos dicen de esperar a ver si hay mesa para dos. ¿Qué pasa, qué no están acostumbrados a recibir turistas de fuera?
Y esperar es lo que hacemos durante 20 minutos sin que nadie nos diga nada, sino que "lo están mirando". ¿Qué hay que mirar exactamente? Se puede o no?
Bueno por fin nos dan la mesa, y bajamos al nivel inferior. La verdad que el local es acogedor y típico, con un ambiente agradable, entre piedras y luz tenue de una lamparita en cada mesa.
No hay menú sino alguna sugerencia y carta con precios elevados por supuesto. Agradecemos que nos hablen en castellano y que la carta también tenga traducción. Nos decidimos por compartir de primero una ensalada de queso de cabra, bastante buena con mezcla de frutos secos, pero el azúcar del queso no se ha caramelizado por completo y tenemos que apartar todo lo que queda debajo.
De segundo, probamos el cordero, y la llonganisa de Prades. Está bueno todo, y el servicio rápido.
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Restaurant l'Estanc, Prades (bajo los arcos de la Pza mayor) |
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Ensalada de queso de cabra, Restaurant l'Estanc, Prades |
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llonganisa de Prades, Restaurant l'Estanc |
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Cordero, Restaurant l'Estanc, Prades |
El postre consiste en varias propuestas más acordes con un local de menus diarios que un restaurante de categoría como pretende serlo éste. Y viendo que el flan de huevo sólo sale por 4,80€, nos decidimos por compartir un pijama (7,80e) que lo lleva todo: helado, melocotones y piña en almibar, flan y a rellenar el plato con nata montada! Bueno, nada del otro mundo.
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Pijama, Restaurant l'Estanc, Prades |
Pero cuando llega la cuenta, habiendo pedido sólo agua, una clara y un café de bebidas, nos encontramos con que los precios de cada plato se ven incrementados por unos números debajo que no sabemos a qué se corresponde, aún a sabiendas que el iva no estaba incluido. Habiendo compartido el entrante y el postre, nos sale todo por casi
60€ !! Vamos que ni en un buen restaurante costero nos saldría esto! Nos pareció un robo ni más ni menos. Pero como no queríamos quedarnos con mal sabor de boca, preferimos dejarlo estar, total no volveremos en mucho tiempo, y por fin disfrutar tranquilos de nuestro merecido paseo por Prades, sin toda la muchedumbre de la fiesta del día que estaba en estos momentos comiendo.
De verdad que no entiendo que en estos lugares dónde te pierdes una vez por conocer y descubrir lo que pueden ofrecerte, nos encontremos con gente arisca, precios más caros que en la propia costa, y gente demasiado suya. Sin contar que todo estaba plastificado de amarillo, suponemos que era parte de la reivindicación política del momento, pero toda una decepción para tomar las fotos apropiadas del lugar.
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Iglesia de Prades |
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Plaza Mayor de Prades |
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lateral iglesia de Prades |
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Prades |
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Entrada Prades |
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Prades |
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Restos Castillo de Prades |
Bueno, el paseo con el calorcito nos fue muy bien. Nos dejamos perder por las pocas calles del centro, alguna foto de recuerdo, y reempredemos la ruta con destino a
Siurana, en el Priorat.
La carretera sinuosa y estrecha no impide que el espectáculo que se muestra ante nosotros aparezca impresionante a cada vuelta de curva. Se suceden muros verticales, impresionantes macizos que parecen observarnos impasivos, y un trío de colores intensos entre el verde de la vegetación, el rojo tierra y el blanco cálizo de la montaña. Y al final del camino nos espera este precioso pueblo medieval descrito como uno de los rincones con más encanto y belleza de la provincia.
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Vista desde Siurana |
Nos sorprende que haya un hotel y un cámping en aquel lugar tan remoto, pero la paz debe de ser envidiable lejos del bullicio de la costa, aunque cuando más nos acercamos, vemos que de tranquilo no tiene mucho el pueblecito, hay muchísimos vehículos aparcados. ¿Será por este día de octubre tan caluroso?
Dejamos el coche en el parking de tierra arriba. Y empezamos a deleitarnos con las vistas únicas que ofrece el lugar. Los árabes no podían haber encontrado mejor enclave para su castillo. De ahí que fuera el último reducto de la reconquista en Cataluña.
Ya nos adentramos en el pueblo de Siurana. No nos esperábamos que estuviera tan bien conservado ya que al leer informaciones por internet, decían que se trataba de un pueblo medio abandonado, así que no sabíamos si íbamos a encontrarnos con edificios ruinosos. Y la sorpresa fue muy grata, el conjunto está conservado en su estado máximo. Suponemos que en los meses de invierno más fríos, no reside demasiada gente por el lugar, pero el resto del año parece que está bastante animado. Además, tiene bar, restaurante, hotel, casa rural.
Las vistas desde cualquier rincón del lugar es de lo más espectacular, para los fotógrafos, aunque aficionados como yo, la cámara no deja de funcionar. El sentimiento de paz y de hermosura de la naturaleza es incomparable con ningún otro sitio. Realmente, vale la pena acercarse hasta este rincón tan único y que ofrece tanto al visitante que sabe apreciarlo.
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Bar, Siurana |
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Pueblo de Siurana |
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calle de Siurana |
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Ruinas del castillo de Siurana |
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Vista del pantano de Siurana |
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Siurana |
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Vista desde Siurana |
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Pantano de Siurana |
Sólo rompe esta experiencia casi religiosa algún que otro turista poco merecedor de la belleza de tal lugar, pero aunque las ganas no faltan, y hay muy poca seguridad por no decir ninguna en cuanto a vallado del acantilado, no podemos arriesgarnos a hacer que tropiece nadie y se caiga! Bueno sólo era un pequeño arrebato del asesino interior que llevamos dentro, je je.
Seguimos el paseo por este lugar encantado, admiramos la vista sobre el Río Siurana y su pantano. No dejamos de buscar la huella de la herradura del caballo de la Reina mora Abdelazía, hija del Señor de Siurana. Cuenta la leyenda que antes de rendirse a los cristianos, prefirió lanzarse desde un risco montada en su caballo. De ahí la marca de herradura que provocó su caballo en la roca, en un intento fallido de frenar tan obstinado deseo. Y de ahí que el principal mirador de Siurana se llame "el Salt de la Reina Mora".
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Río Siurana |
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Iglesia de Siurana |
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Iglesia de Siurana |
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Vista desde Siurana |
Nos gustaría poder quedarnos más tiempo disfrutando del panorama, pero nos esperan dos horas de regreso, así que tenemos que desistir de ver la puesta de sol como muchos vienen a ver, aunque no creo que sea la mejor época del año, ya que el atardecer no ofrece las mismas tonalidades de colores en otoño que en los días largos de verano. Y no quiere ni imaginar la cantidad de gente que habrá entonces.
Y cuando bajamos hasta el pantano para admirar la cima sobre la cual se alza Siurana, nos damos cuenta de que, en efecto, hay algo de bruma y el sol desaparece tímidamente.
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Presa de Siurana |
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Vista de Siurana desde el pantano |
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Vista de Siurana desde el pantano |
Nos vamos del lugar con una alegría y una satisfacción de un día de excursión precioso! Las anécdotas del día enriquecen la experiencia, y nos sentimos afortunados de haber podido contemplar tan maravilloso lugar! Ojalá el hombre no lo desgaste y sepa respetarlo como se merece.
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